El acompañamiento, aplicado a la intervención social, es un concepto que sugiere una reciprocidad: la persona acompañada no juega un papel pasivo, sino que se le presupone una cierta capacidad de decidir su propio camino. Se trata de un concepto cada vez más apreciado en las entidades sociales que buscan innovar en sus estilos de intervención. Se observa en general una tendencia a que la persona atendida cobre un mayor protagonismo, y se convierta en el centro de la acción social; los diferentes recursos se sitúan a su alrededor y se adaptan a ella, en lugar de adaptarse ella a los recursos.

En el trabajo con personas en situación de exclusión social, existen sin duda numerosas dificultades añadidas para este desempeño. La Asociación Zubietxe lleva varios años trabajando en un proyecto piloto para el acompañamiento social personalizado con personas en exclusión social, un proyecto que consideramos que representa una solución interesante e innovadora ante estas dificultades; este artículo es el fruto de un trabajo de sistematización de dicho proyecto, realizada durante el año 2013, y patrocinado por la Fundación Etorbizi.

Este es el documento que hemos elaborado tras el estudio:

libroEl Acompañamiento Social Personalizado como fórmula innovadora de respuestas a personas con enfermedad mental y en situación de exclusión social

Y aquí presentamos el artículo que hemos publicado en la revista Zerbitzuan sobre el tema:
libroEl acompañamiento social personalizado como formula innovadora…
(Este es el link original)

El Efecto Noé

pendulo
globo

Un péndulo está en movimiento pero siempre tenderá a situarse en un lugar cercano a su punto central, su ‘media’, su ‘atractor’ principal, su identidad. De la misma forma, las personas en general podemos cambiar de humor de un día a otro, o podemos encontrarnos ante circunstancias muy diferentes, pero siempre tendremos factores (psicológicos, sociales) que nos ayuden a encontrar de nuevo nuestro equilibrio interior y exterior.
Un globo deshinchándose en el aire, en cambio, tendrá una trayectoria errática. No hay forma previa de saber el dibujo que este globo realizará en el aire, si subirá, bajará, irá a izquierda o derecha. De la misma manera, quizá las personas en situación de exclusión social vivan de esta forma, sin lugares de referencia, de una manera imprevisible, y con una gran vulnerabilidad ante pequeños cambios en el entorno.
Aquí planteamos la hipótesis de que estos diferentes tipos de itinerarios vitales nos llevan también a diferentes formas de analizarlos, y a utilizar diferentes herramientas teóricas para modelizar dichos itinerarios vitales y sus indicadores de éxito. De alguna forma, muchos de los conceptos estadísticos que utilizamos deberían ser revisados.

Una de las que consideramos que ha sido las conclusiones más interesantes y novedosas de nuestra investigación, consecuencia de los intensos debates que se han generado dentro de la asociación y en los diversos foros de trabajo, es lo que hemos bautizado como el ‘Efecto Noé’. Conclusión que no es específica de nuestro epígrafe, el acompañamiento social, sino que más bien está relacionada con la exclusión social en general y con las investigaciones que sobre ella podamos realizar. Se trata de la hipótesis de que los contextos de exclusión social son especialmente refractarios a mediciones y análisis cuantitativos o estadísticos.

Efectivamente, a la hora de plantear la metodología de nuestra investigación, y en concreto al debatir sobre las herramientas más adecuadas para medir el éxito o fracaso de la intervención (medido como el progreso personal en los itinerarios de inserción a través de instrumentos como las baterías de indicadores, por ejemplo), encontramos que no nos satisfacía ninguna de las posibles propuestas. Barajamos diferentes tipos de escalas de medición, considerando algunas más válidas que otras, pero todas nos provocaron una cierta insatisfacción al comprobar que muchos de los resultados objetivados por las muestras no mostraban una correspondencia con nuestras impresiones subjetivas sobre el estado de la persona evaluada, y menos aún sobre las evoluciones positivas o negativas que mostraba la persona en su trayectoria vital.

Nos movía la intuición de que las personas en exclusión social son un colectivo que mantiene algunas diferencias profundas con el resto de extractos sociales, diferencias que le proporcionan un estatus único y peculiar. De alguna forma, las vidas de las personas que se encuentran en esta situación sufren unos vaivenes en el tiempo que están fuera de lo común; sus vidas son extremadamente azarosas y caóticas. A menudo no existen ‘referencias’ sobre lo que su vida fue o podría llegar a ser, y viven en un entorno de inseguridad radical, donde cualquier pequeño cambio en su contexto personal podría tener consecuencias enormes y profundas. Esto provoca que los itinerarios vitales de estas personas sufran de altibajos desmesurados, y que la medición empírica sobre sus posibles progresos personales sea prácticamente imposible de encontrar.

Buscando una herramienta científica a la altura de estas dificultades, nos encontramos con la propuesta del matemático y estadístico Benoît Mandelbrot1. Mandelbrot (1996) distingue entre dos tipos de azar: el benigno y el salvaje. En los azares benignos, lo que es impredecible a escala local o micro se hace determinado y predecible a escala global o macro. Por ejemplo, no podemos saber a priori la altura de una persona escogida al azar, pero si escogemos varios cientos de personas, la media es bastante consistente y predecible. En los azares demasiado erráticos, en cambio, el paso a los grandes números ya no es capaz de proporcionar las bases del control y la predicción. Por ejemplo, no tiene sentido calcular la media del número de habitantes de los municipios de un país, donde una sola ciudad (pongamos Buenos Aires) puede representar la cuarta parte del conjunto total. El hecho de incluir o no a un sólo municipio (Buenos Aires) en la muestra cambia totalmente el resultado (la media).

Mandelbrot observaba que, como en el Diluvio Universal padecido por Noé, ciertos acontecimientos (en la economía financiera y en otros ámbitos sociales) tienen una magnitud mucho mayor que el resto; son elementos que ‘se salen de la tabla’ o hechos que ocurren de golpe y barren todo a su paso. Por eso, Mandelbrot bautizó a este tipo de situaciones como el ‘efecto Noé’. Un alumno de Mandelbrot, el matemático e inversor financiero Nassim Taleb, ha vuelto a atraer en los últimos años el interés científico y social sobre estos conceptos, que él ha rebautizado como ‘cisnes negros’ (Taleb, 2008). En un sentido estadístico estricto, en este tipo de modelos los sucesos más improbables son siempre los más importantes. No hay una ‘media’ o un ‘atractor’ que utilizar como referencia, y no es sencillo –en ocasiones es imposible– encontrar un dato o un conjunto de datos que definan el sistema.

Nuestra hipótesis de trabajo es que la vida de las personas en situación de exclusión, la anomía de sus relaciones sociales, la inseguridad crónica en la que se desenvuelven, la falta de referencias sociales a las que unirse, genera un contexto caótico que encaja bien en la descripción de los sistemas complejos sujetos a un azar salvaje que describe Mandelbrot. La intuición y la experiencia cotidiana nos indican que, efectivamente, las personas que viven en estos contextos están mucho más expuestas a acontecimientos inesperados de gran impacto, que pasan por su vida con el efecto de un tsunami o de un diluvio; y que son mucho más vulnerables a los efectos de pequeñas variaciones o errores en su entorno.

Si esto fuera así, nos encontraríamos con una realidad social que muestra una gran dificultad en ser analizada empíricamente; aún más, la exclusión social sería un ámbito de análisis en el que ni siquiera podríamos tener seguridad de encontrar una relación causa-efecto de sus experiencias vitales. Lo que puede mostrarse empíricamente es precisamente los límites concretos de cualquier análisis cuantitativo del progreso personal.

No nos corresponde avanzar sobre esta hipótesis, utilizando los métodos científicos adecuados para demostrar o negar su validez; ésa sería más bien una tarea apropiada para un estudio dentro del ámbito universitario. Nuestro único objetivo ha sido dejar constancia de una dificultad real, y de una posible propuesta de adecuación teórica a una realidad empírica.

En la práctica, de confirmarse la hipótesis, algunas consecuencias de este modelo estadístico nos han resultado de interés para nuestro trabajo cotidiano. Pese a tratarse de una supuesta limitación en nuestra capacidad de conocer la realidad, el efecto Noé acarrea varias conclusiones interesantes. En primer lugar, el trabajo con las personas en situación de exclusión social debe hacerse eliminando los juicios de valor y poniendo entre paréntesis las narrativas creadas sobre las circunstancias de la persona; tanto las narrativas creadas por la propia persona como aquellas generadas por su entorno o sociedad. No puede darse por sentado ningún escenario básico, normalizado, que sirva de punto de vista privilegiado desde el que analizar la situación de estas personas. Incluso el sistema de normas morales, aparentemente estable, se relativiza al romperse la relación causa-efecto y desdibujarse la capacidad de unir determinadas acciones con determinadas consecuencias. El pasado puede relativizarse.

En segundo lugar, hay que trabajar sin obsesionarse por los resultados. Mucho menos por obtener una alta calificación en un conjunto de indicadores de progreso, creados por agentes externos o subvencionadores, que pretenden cuantificar los logros concretos obtenidos. Los indicadores de progreso son útiles y necesarios para una mejora de la calidad del trabajo, pero no deben confundirse con la propia metodología, que tiene su propia lógica, más relacionada con los pequeños pasos y el día a día. El presente lo es todo.

En tercer lugar, las personas en contextos de exclusión muestran una enorme vulnerabilidad a hechos inesperados en sus vidas. La tarea fundamental del acompañamiento personalizado podría ser la de aportar un cierto tipo de seguridad que incluya la capacidad de gestionar estos hechos inesperados y de gran impacto. No se trata solamente de ayudar a gestionarlos, sino especialmente de prevenirlos, desarrollando un cierto instinto ante posibles circunstancias negativas que puedan aparecer en la vida de la persona. De la misma forma que se contratan seguros de incendios al comprar una casa, el acompañante debería crear mecanismos de prevención que aminoren los efectos de cambios inesperados en el entorno. El alumno de Mandelbrot, Taleb, se hizo millonario con la crisis de 2008, en la que todo el mundo perdió dinero, gracias a su adecuada y novedosa forma de gestión del riesgo. La persona o equipo acompañante pueden convertirse en una figura de apoyo a la que recurrir en los momentos de mayor quiebra personal. El futuro puede ser menos arriesgado.

Artículo de Mandelbrot sobre Azar benigno y salvaje, en la revista Investigación y Ciencia (diciembre 1996)

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